Je t'aimerai jusqu'à la fin de ma vie...
Cuando abrí la puerta, la vi, con sus medias de red y su copa de vino, las piernas cruzadas. Era la muerte, seductora dama de ojos profundos.
Me llama por mi nombre, nunca una mujer tan sensual había pronunciado mi nombre sin dinero de por medio, Ella lo hacía, con voz de telefonista de una línea caliente de veinticinco pesos el minuto. Bebe de su copa mientras me mira, como la amante seductora del marido infiel que dice a su esposa estar en una junta, esa mirada que hace que el hombre arranque su corbata y se acaricie por encima del pantalón, afilando su hierro.
